martes, 27 de abril de 2010

Juegos y alegrias

En esta epoca pasaba las horas de juegos con mis amigos Joan el Pescatero (sus padres tenian una pescateria) y con Antonio el de la portera. Basicamente despues de clase nos pasabamos las horas jugando en la calle, ya fuera a fútbol, al escondite o mentiendonos en las diferentes obras en construcción que habian en aquellos momentos.
Eran dos chavales estupendos, cuando no los iba a buscar yo, venian ellos. Daba igual que fuera verano o invierno, siempre estabamos en la calle.
En nuestra calle habian muchos mas niños y adolescentes, pero con ellos dos era con quien mas jugaba. Podiamos pasar horas y no molestar a nadie. Respetabamos mucho a todas las personas y cosas del mobiliario urbano.
Ya en esta epoca y por la curiosidad que yo tenia, entraba en todos los nogocios que pudieran enseñarme algo, por ejemplo la carpinteria del Sr. Casas. Cuando mis amigos no estaban por la razon que fuera, yo iba a la carpinteria y me enseñaban cosas, alguna vez llegue a construir una silla pequeñita de un taco de madera; además solia ayudarles a limpiar la carpinteria, quitandole el polvo a las máquinas o barriendo el local. Siempre me daban una propina que me servia para comprar chuches y las compartia con mis amigos.
Otra cosa que habitualmente hacia, era ir a comprar cualquier cosa que me pidieran las vecinas. Podia ser arroz, azucar, aceite; cualquier cosa y siempre acababa con una pesetas como premio.
Era un crio que estaba muy bien considerado por los vecinos, principalmente por mi educación y respeto hacia todas las personas. Podía encargarme de cuidar de niños más pequeños que yo, ya que sus padres confiaban plenamente en mi.
Siempre fui un niño muy adaptable a todo y jamás genere ningun conflicto. Bueno, si, una vez rompi un cristal de casa de un vecino jugando al futbol den la calle y en lugar de quedarme y dar explicaciones, sali corriendo a esconderme a casa.
El vecino, como es logico vino a casa a hablar con mis padres y la verdad es que se porto muy bien conmigo, solo le dijo a mis padres lo que habia pasado y eso no le gusto, pero a partir de ahi, nuestra convivencia mejoro muchisimo.
Cuando estaba en casa y no salia a jugar con mis amigos, podia pasarme largas horas realizando dibujos. Especialmente me gustaban copiar de comics del momento. En casa mis padres estaban viento la television y yo era capaz de dibujar y ver la tele sin perderme detalle de las dos cosas. Era muy curioso con todo lo que sucedia a mi alrededor.

jueves, 22 de abril de 2010

La vida continua

Recuerdo que empezaba a ir a una especie de parvulario, donde iba muy contento por la necesidad de jugar con otros niños. Aproximadamente tendría unos 4 o 5 años, no lo recuerdo muy bien. Solo recuerdo que estaba cerca de los ferrocarriles, donde cada tarde después de salir mi madre me llevaba a ver como pasaban los trenes. Mi hermana María Asunción ( a partir de ahora Susy) también iba al mismo colegio. Mi hermana Clara que ya debería tener los 14 o 15 años empezaba a buscar trabajo porque no le gustaba estudiar. Encontró un trabajo en unos Laboratorios Farmacuticos que estaban cerca de casa, más o menos a 15 minutos caminando, el único inconveniente es que se tenia que levantar a las cinco de la mañana y aunque la vida se vivía de otra forma, había una cierta preocupación en casa para que no le pasara nada. Recuerdo que estos años eran muy buenos, porque básicamente lo que hacia era jugar y con cierta independencia. Todavía existían los tranvías y no circulaban muchos coches, por no decir ninguno y eso dejaba que los niños estuvieras en la calle, jugando a fútbol, con chapas de botellas en las alcantarillas, al escondite, etc. No había problema, porque además la gente del barrio practicamente nos conocíamos todos y so no era uno, era otro vecino que te vigilaba.
En el curso que cumplí los 6 años empecé a ir a la escuela y más en serio, básicamente por tener que empezar a estudiar, era una escuela relativamente pequeña y dependía de la parroquia. Teníamos únicamente una profesora la Señorita Montse y enseñaba a un grupo de 15 o 18 alumnos de diferentes edades. Una vez a la semana el Padre Luis, nos daba clases de religión y para jugar en la hora del patio, salíamos a la plaza del barrio a jugar y desayunar o merendar.
En estos años difícil, aunque con buenas perspectivas de futuro, las familias empezaban a mejorar. Las unidades familiares hacían lo posible para ingresar más dinero y eso no era una excepción en casa. Mi padre Juan, era un buen herrero y con eso se ganaba la vida. Trabajaba su jornada de ocho horas en una empresa metalúrgica que se encontraba a las afueras de Barcelona. Todos los días cuando se marchaba a trabajar yo escuchaba como cerraba la puerta. Salia muy temprano y como en casa no había coche, tenia que caminar unos 20 minutos para ir a buscar el autobús que lo trasladaba hasta la fabrica. Fuera verano o invierno siempre hacia el mismo trayecto y durante ese camino que era a través de campos y alguna calle asfaltada, porque el resto eran de adoquines, cuando hacia frío, era frío de verdad, porque parecía que tuviera corriente de aire. Estos comentarios solía escucharlos de una forma habitual en caso, luego por la tarde aproximadamente sobre las 6 o 6.15 horas, ya estaba de regreso en casa. Mi madre le tenia preparada una buena merienda o por lo menos a el le gustaba mucho y yo muchas veces la compartia con él ya que a mi también me gustaba mucho y no tenia nada que ver que yo ya hubiera merendado. Mi madre me prepara un poquito para que no protestara, pero especialmente el café.

HISTORIAS DE UN DON NADIE

Hace cincuenta años nací en el seno de una familia humilde, en uno de los barrios previlegiados de la ciudad de Barcelona. Mis padres, Juan y Olimpia, eran muy felices, porque todo había ido bien y por que a la tercera fue la vencida, nació el niño deseado.

Hasta ese momento mis dos hermanas fueron las reinas de la casa, Clara y María Asunción. La primera tenía diez años más que yo y la segunda cuatro. Evidentemente de esa época de mi vida no me acuerdo absolutamente de nada, lo poco que sé, es por las historias que me fueron contado mis padres a lo largo de los años. Bueno, de alguna cosa me acuerdo, pero debería ser alrededor de los dos añitos. Mi hermana Clara me trataba como si fuera su muñeco y siempre estaba jugando conmigo, me pintaba los labios cuando mi madre no la veía, me ponía faldas, me desnudaba, en fin todo lo que os podáis imaginar. Por otro lado María Asunción no me hacia ni caso y si que generaba bastantes problemas especialmente con los estudios y la comida. Sobre esta edad, ya habia nacido mi hermano Jordi, el cual provoco los primeros problemas graves en el seno familiar motivado por los celos que tenia mi hermana pequeña. Yo sin embargo, por lo que mi madre me explicaba, lo quería mucho y siempre estaba preocupado por que no le faltara nada. Cuando estaba en su cuna, solia ir a verlo muy a menudo y si el chupete se le habia caido, yo se lo ponia nuevamente. Es hoy, y aun recuerdo perfectamente la forma de la cuna y el color. Era la cuna que habiamos utilizado todos los hermanos y la ubicación perfectamente definidad de donde se encontraba en casa de mis padres.


En fin, lo que parecia que podria ser fantastico un día se torcio y paso lo que no debia haber pasado. Mi hermano Jordi fallecio a la edad de 12 meses. Como imaginareis, provoco un gran dolor en mi casa. Yo personalmente no lo vivi, al irme a casa de unos tios mios unos días. Pero esos recuerdos hoy siguen vivos en mi mente y posiblemente relacionado con las cosas que fui viviendo con mi madre.